Pánico en las redes

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Debido al gran éxito que tuvo el I Foro Social Media celebrado el 20 de Abril 2017, La Publicidad ha reservado un espacio, llamado #40díasDeSocialMedia, donde los mejores profesionales de la materia muestran su punto de vista sobre las novedades del sector. Por ello, Jaime Rodríguez, Director Creativo de La Patata Caliente, comparte sus opiniones con nosotros sobre las RRSS.

No sabía si titular este artículo pánico en las redes o la revuelta de los trolls. Porque al final, son dos caras de la misma moneda. Dos fenómenos de nuestra querida era digital que se tiran cacahuetes el uno al otro. Se retroalimentan, se inflan, tal vez sea la nueva burbuja.

El proceso es el siguiente, un troll en una red social señala acusadoramente a una marca o personalidad por X motivo. Este motivo es ética o políticamente incorrecto para el troll y para su tribu. Por ejemplo, un spot graciosete que juega con insights sexuales (el troll dirá: sexista), otro spot que juega con insights de crítica a los antisistema (el troll dirá: reaccionario) o una campaña con modelos delgaditas (el troll dirá: apología de la anorexia).

Se encienden todas las alarmas. El cliente llama a la agencia y le dice: la habéis cagado. La agencia piensa, tal vez la hemos cagado. En ese momento agencia y cliente se ponen de acuerdo y emiten un comunicado diciendo: la hemos cagado.

logo La Patata Caliente¡Pues sí! La habéis cagado. Porque si como marca o cómo persona aceptas lo que los demás dicen de ti y no eres capaz de dar la cara y defenderte, entonces ellos ganan. Conquistan la razón. Y el tsunami que viene después barre la imagen de la marca, de la agencia y algo peor, se tala otro árbol en el bosque de la libertad de expresión.

Dicen, que en el siglo pasado la publicidad sirvió para algo más que para vender cosas, desarrollar el capitalismo y traernos riquezas sin precedentes. Dicen, que la publicidad permitió por primera vez que los medios de comunicación fueran independientes del poder político y pudieran decir cosas en libertad.

Tal vez ha llegado el momento en que las marcas y la publicidad vuelvan a cumplir este rol de defensa de la libertad de expresión, pero esta vez en las redes sociales. Y en vez de decir: la hemos cagado, digan: pues sí, somos así, pensamos esto, decimos esto y nos da igual lo que pienses tú, troll, y tu corte de amargados.

¿Queréis un caso de éxito? El presidente de Estados Unidos. Hizo y dijo lo que quiso durante la campaña de 2016 y acumuló legiones de odiadores en redes sociales. Pero al final, la gente que le quería votar le votó igual. Hay algo poderoso en la autenticidad y la valentía que vence a la negatividad, por bien nutrida que esté.

No hay peor censura que la autocensura. Este clima de acción-reacción de trolleo y pánico, más trolleo y más pánico debe estar ya generando toneladas de autocensura en departamentos de marketing y creativos en todo el mundo.

No puede ser. Somos creativos, no podemos tener miedo. Nuestro oficio es crear ideas nuevas o reinventar viejas ideas. Arriesgadas, emocionantes, divertidas, con un punto agresivo, críticas, sensuales, absurdas, revolucionarias, reaccionarias o cualquier cosa que nos ayude a lograr al menos un pequeño cambio en el corazón de nuestra audiencia.

Luchemos por la creatividad. Luchemos por la libertad. Acabemos con el pánico.