¿Qué tienen en común Stanley Kubrick, Jordi Cruz y Toni Segarra?

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Artículo de opinión de José G. Pertierra, director general de Clicknaranja (Grupo Brandits)

Sí, no nos hemos vuelto locos. Salvando las distancias temporales, geográficas, culturales y el peso individual de cada uno de ellos en sus correspondientes sectores, estos tres nombres han tenido problemas en la relación con sus becarios, eufemismo laboral que hoy en día ha reemplazado la figura del aprendiz de antaño.

Leon Vitali, colaborador de Stanley Kubrick, explicaba a Alison Castle, la autora de Los archivos personales de Kubrick la relación conflictiva que el director de La naranja mecánica tenía con aquellos jóvenes que acudían a trabajar con el maestro atraídos por su aura de genio y que acababan completamente destrozados física y psicológicamente por la sofisticadísima trituradora laboral del rodaje y proceso de postproducción de cualquiera de sus películas. Porque a pesar de dedicarle varios meses de interminables jornadas maratonianas de hasta 20 horas diarias y cumplir con la intensidad y la energía requeridas, a la hora de pagar Kubrick era inflexible. Siempre aludía a que haber trabajado en su película era el equivalente a haberlo hecho en la industria durante diez años y que tener el privilegio de haber trabajado codo con codo con él, aseguraba optar a cualquier trabajo en el sector cinematográfico el resto de sus carreras y además remunerado de forma especialmente beneficiosa. Y eso era todo lo que recibían, así que a tragar con ello.

Lo curioso es que casi 50 años después (y repetimos, salvando las distancias), lo ocurrido con el chef Jordi Cruz estos últimos días va en la misma línea de argumentación: “Estás aprendiendo de los mejores en un ambiente real, no te está costando un duro y te dan alojamiento y comida. Imagínate cuánto dinero te costaría eso en un máster en otro sector”. Resultado: trending topic por dos días, desbordado por un tsunami de críticas y para colmo, todo el embrollo con el Día Internacional de los Trabajadores entre medias.

Y aquí es donde llegamos a Toni Segarra y nuestro sector. Hace cuatro años, uno de los creativos más admirados de nuestro país puso en marcha en su propia agencia un proyecto cuanto menos polémico. ¿Lo recordáis? SCPF Academy pretendía ser un plan educativo en el que los estudiantes podían experimentar y aprender desde dentro como funcionaba una agencia (y de las buenas, quizás la más prestigiosa de España), no pudiendo acceder a este proyecto más de 16 elegidos mediante una rigurosa selección de candidatos a través de una durísima entrevista personal. Lo que encendió la polémica es que los estudiantes (o becarios, según opiniones) debían hacer estas prácticas pagando 20.000 euros. Ante la avalancha de reacciones en contra que la propuesta recibió en los medios y las redes sociales, el proyecto dio marcha atrás y fue pospuesto de forma definitiva.

Y es que en publicidad, desde hace años y de manera increíble, la figura del becario ha ido adquiriendo cada vez más importancia. Lo que antes no era más que hacer un training en una agencia de forma temporal y con fecha de caducidad, algo irrelevante y estratégicamente residual de cara al funcionamiento interno de la agencia, se ha ido convirtiendo en algo vital para el sostenimiento real del negocio. Becarios con treinta y muchos años soñando con alcanzar algún día un contrato fijo, agencias multinacionales con salas atestadas de jóvenes estudiantes con funciones de todo tipo y rango o cuentas ganadas con equipos seniors que en el momento que se firma el contrato de colaboración pasa a un equipo de juniors para maximizar los ingresos. Confundir a propósito trabajo, formación y aprendizaje no es nada nuevo: un todo vale para que al final las cuentas anuales cuadren, se repartan beneficios y todos queden contentos. O casi todos, porque por un lado quedan las victimas directas, esos jóvenes que solo quieren prosperar en su carrera laboral y personal y cuya ilusión en el mundo de la publicidad va quedando desgastada y por otro lado las victimas colaterales, esas agencias que procuran que la contratación de los becarios se ajuste a la legalidad más rigurosa y que tienen que soportar la competencia desleal de muchas agencias en un sector ya de por si lleno de trampas y triquiñuelas. Otro lado oscuro más de la publicidad que demuestra que la salida de los tiempos de crisis es muy relativa y que aún hay mucho que reflexionar para mejorar nuestro sector.